Antes de ponernos a hablar sobre el cacao, un poco de contexto histórico e Historia…

La historia del cacao empieza cuando se empieza a colonizar el Nuevo Mundo, allá por el siglo XV. Para las civilizaciones precolombinas de Centroamérica tenía un origen mágico, ya que según la mitología azteca, el dios Quetzalcóatl llevó a los humanos el árbol del cacao (cacaotero) para alimentar a su pueblo. Estas tribus ya lo cultivaban siglos antes de la llegada de los europeos y se usaba tanto como alimento e incluso los granos de cacao llegaron a usarse como moneda de cambio. La forma de consumo era de forma líquida, triturando estos granos y mezclándolos con agua.

El primer contacto europeo con este alimento fue en la primera expedición del adelantado Hernán Cortés. Al principio no les gustó; ni masticando ni bebiendo, puesto que se consumía el cacao puro, casi directamente del fruto, por lo que el sabor, y eso se puede comprobar comiendo chocolate 99% o el típico cacao puro en polvo, era extremadamente amargo. A raíz de esta expedición se empiezan a hacer envíos a España, que junto con Portugal serán los primeros países en empezar a cultivar plantaciones de cacaoteros en África (actualmente, alrededor del 70% de la producción mundial de cacao se realiza en África).

A lo largo de los siglos fue refinándose la forma preparar el cacao: al principio se tomaba bebido, pues no encontraban un método para elaborarlo de forma sólida, ya que se derretía con facilidad (las chocolatadas eran eventos sociales de clase alta donde cierto número de personas se reunía a tomar chocolate bebido, con especias y aromatizado). Con el paso del tiempo y la mecanización de los procesos, se fueron perfeccionando las recetas hasta llegar a todos los productos que conocemos hoy en derivados del cacao (tabletas, bombones, chocolate a la taza…)

Después de este viaje por la historia del cacao vamos a hablar un poco de lo verdaderamente importante, que es el apartado nutricional de este versátil ingrediente.

Cacao puro en polvo

El cacao puro en polvo que podemos comprar en el supermercado se consigue mediante la molienda de los granos y aplicando diversos métodos químicos para retirar la manteca de cacao (grasa). El resultado obtenido es un producto con una cantidad moderada tanto de proteínas (alrededor de un 25%), grasas (dependiendo de la marca, suele oscilar entre un 10-20%) e hidratos de carbono (aproximadamente un 15-20%, siendo la inmensa mayoría fibra). Por esta razón me parece un alimento muy completo para cualquier persona (chocolates con más del 70% de cacao me parecen igualmente muy buenas opciones). En mi caso personal me vienen genial puesto que soy una persona que me cuesta ganar peso, y este producto tiene una densidad calórica bastante alta.

Lo más interesante del cacao, desde mi punto de vista, es el altísimo contenido en otros compuestos, ya que posee grandes cantidades de antioxidantes y compuestos fenólicos (catequinas, antocianinas y proantocianidinas). Los polifenoles son sustancias con muchos efectos positivos para la salud y con gran evidencia científica (también se encuentras en frutas, verduras, hortalizas…)

Estos compuestos han demostrado mejorar parámetros inflamatorios, así como mejorar la presión arterial en pacientes obesos y disminuir estrés oxidativo producido por el ejercicio físico. Especialmente me llamó la atención la mejora que se produjo en el metabolismo mitocondrial, tan importante en el rendimiento dentro de los deportes de resistencia. Todo esto podéis consultarlo en este estudio.

En este otro estudio también se observaron mejoras a nivel cognitivo y de memoria

Por último, indicar que para beneficiarse de los efectos positivos de los polifenoles, se requiere aproximadamente unos 38g de chocolate con alta proporción de cacao para efectos inmediatos y unos 125g para efectos más prolongados.