En su acepción más grave el hambre es uno de los principales males de la civilización humana. El hambre puede producir que salgan a relucir los más oscuros instintos humanos, con tal de obtener ese alimento y paliar esa sensación extrema de tripa vacía así que el tema que nos concierne hoy no es cosa menor.

Por supuesto no vamos a hablar del hambre como problema social o como la típica hambruna que, desgraciadamente afecta a ciertas poblaciones en diversas zonas del planeta. Al hambre que me refiero es al que tenemos de forma individual, cuando, ya sea por una razón fisiológica o emocional, nos empieza a rugir la tripa. Pasar hambre es muy común en dietas muy restrictivas, donde las calorías consumidas a lo largo del día son más bien escasas. En muchas ocasiones ese hambre no aparece por falta de calorías sino por consumir alimentos poco saciantes y es una de las razones por las que suelen fracasar muchas de estas dietas.

Y es ahí donde quiero hacer hincapié con los siguientes tips. El objetivo es que te sacies lo más posible y evitar que aparezca el típico hambre a las pocas horas de realizar una comida, por lo que si tu objetivo es perder peso, donde el control de las calorías es muy importante, te serán de gran ayuda las siguientes líneas.

El agua ocupa su espacio en el estómago, por lo que cuanto más haya, más saciado estarás. Bebe agua a lo largo del día (ten tu botella o acceso a agua siempre que puedas), aparte de calmar un poco el hambre, el agua tiene numerosas funciones en el organismo. Dos momentos ideales para tomar el agua de forma estratégica son durante la comida y especialmente ANTES de la comida (o cena). Bebe uno o dos vasos antes de sentarte a la mesa y notarás la diferencia

Señalar que tomar postre no es obligatorio pero si eres de los que siempre lo incluye podrás aplicar este punto perfectamente. No pasa nada por comerte la fruta, el yogur o el postre que sea antes del plato principal. Esta acción es más saciante aún que el primer consejo, y si juntas ambos ni te digo.

En nutrición, un vaso de leche equivale a dos yogures. Estos últimos, y puedes comprobarlo tú mismo, sacian muchísimo más que el vaso de leche (por no hablar de ese aguachirri que es la leche desnatada, que al eliminarle la grasa pierde todo su poder saciante). Otras opciones pueden ser el kéfir, las cuajadas, queso… Recordar también que la leche entera sacia más que sus versiones semi y desnatada.

Hay una variedad casi infinita de estos alimentos, por lo que no me creo que a esa gente que dice que no le gusta ninguna verdura. El hecho de añadir uno o dos tomates troceados como acompañamiento del plato principal (o el vegetal que te guste, aunque solo haya uno) marca la diferencia. Tal vez sea el consejo menos atractivo pero sí que me parece muy importante